¿Quién sería yo, SIN LA VOZ DE DIOS?

Fue muy difícil perderte.

Ha sido una lucha diaria estar de pie y avanzar,
me hace falta escuchar tu voz;
y aunque debo confesar
que a veces me aparto de todo
para en mi soledad pensar,
cierro mis ojos y escucho tu voz y tu andar.

Jamás pensé que sería tan difícil,
sin embargo he luchado a diario,
y cuando las fuerzas ya no me acompañan,
la VOZ de Dios está aquí.

Él siempre ha estado ahí.

Estuvo cuando escuché tu voz por primera vez.
Estuvo cuando tu voz me ofrecía corrección,
estuvo cuando tu voz me calmaba de mi aflicción,
y también estuvo cuando tu voz por fin se apagó.

Y, lo increíble de seguir escuchando tu voz en la soledad,
es que descubrí que no era solo tu voz,
sino la VOZ DE DIOS.

A veces cuando siento que Él siempre ha estado allí…

… – Ríos abundantes han recorrido mi rostro-
he sentido el desamparo de Dios
en mi corazón,
sin embargo en mi eterna aflicción
SU VOZ me sustentó.

Día a día me pregunto:

¿quién sería yo, SIN LA VOZ DE DIOS?

Y en medio de mi aflicción descubro que Él no está allí,
sino que siempre ha estado aquí.
Pues tu Palabra me recuerda:
que #DiosEsFiel siempre,
y que viviré con ella, eternamente.

Autor: Rafael G. De Paz.